Perseidas 2020: por qué son tan impresionantes las lluvias más esperadas del año | Life

De entre todos los fenómenos astronómicos que ocurren cerca de nosotros y a simple vista, las lluvias de meteoros son probablemente uno de los que resultan más llamativos y espectaculares. 

Anualmente hay varias lluvias de meteoros que ocurren de manera periódica, siguiendo el paso de ciertos cometas. Y de entre estas lluvias de meteoros, la más conocida es sin duda la de las Perseidas

Las Perseidas es una de las lluvias más vistosas. Ocurre entre finales de julio y mediados de agosto, teniendo su periodo de mayor intensidad usualmente entre el día 10 y el día 14 de agosto. 


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Todos los años muchas personas se escapan de las ciudades y otras regiones muy iluminadas para poder ver los cientos de estrellas fugaces que surcan el cielo nocturno durante esos días. 

No es solo que sea un espectáculo bonito, aunque por supuesto, eso es gran parte del motivo de su popularidad. Pero muchas culturas les han dado significados especiales a las lluvias de meteoros, llegando a convertirlas incluso en deidades. 

Simbolismos aparte, como cada año en estas fechas las Perseidas ya son visibles en el cielo, al menos  para los afortunados que viven en zonas sin demasiada contaminación lumínica. 

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Pero aunque todos estamos acostumbrados a las estrellas fugaces, no todo el mundo tiene claro cómo se originan las lluvias de meteoros, o por qué algunas ocurren todos los años y en las mismas fechas. 

Como es lógico la ciencia tiene respuestas para todas estas preguntas. Así que vamos a hablar de las Perseidas y de los motivos que causan las lluvias de meteoros con una periodicidad concreta. 

¿Por qué ocurren las estrellas fugaces?

Las estrellas fugaces son un fenómeno relativamente común, y pueden ocurrir en cualquier momento del año, sin necesidad de que las acompañen grandes eventos como una lluvia de meteoros. 

Lo que hay detrás de ese fenómeno no es ningún misterio, pero tampoco tiene relación alguna con las estrellas reales como nuestro Sol. De hecho, su origen tiene que ver con un evento muy común: la entrada de material en la atmósfera. 

Las estrellas fugaces son causadas por pequeñas rocas o meteoros que, al entrar en la atmósfera se encuentran con las partículas de aire. Esto genera fricción sobre el meteoro, haciendo que arda y cree un pequeño haz de luz tras de sí. 

Generalmente ese haz tan solo dura unos segundos, ya que el meteoro se desintegra rápidamente. Además, la mayoría de los meteoros que causan las estrellas fugaces usualmente son muy pequeños, apenas del tamaño de un grano de arena. 

En las raras ocasiones en las que un meteoro es de mayor tamaño y no se desintegra por completo, acaba chocando con la superficie de la Tierra. A estos meteoros los llamamos meteoritos, y al ser más grandes generan un haz de luz mayor y más duradero. 

Por suerte para todos, aunque los meteoritos sean más grandes que la mayoría de meteoros que alcanzan nuestro planeta, siguen siendo bastante pequeños. Gracias a ello, no causan daño alguno. 


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Y aunque la mayoría de estrellas fugaces son causadas por meteoros, en ocasiones también puede ocurrir este mismo fenómeno con la basura espacial que orbita nuestro planeta, ya que al entrar en la atmósfera experimenta el mismo proceso que los meteoros. 

En resumen, por bonitas que nos parezcan las estrellas fugaces, no son más que material ardiendo en las zonas altas de la atmósfera y dejando una estela de luz tras de sí, como una señal de su paso. 

El origen de las lluvias de meteoros

Como ya mencionábamos antes, las estrellas fugaces son un fenómeno relativamente común, aun si no las vemos de forma habitual por la contaminación lumínica. Pero por la contra, las lluvias de meteoros no lo son tanto.

En teoría una lluvia de meteoros no es más que un fenómeno en el que se pueden observar numerosas estrellas fugaces a lo largo de varios días o incluso semanas. Pero tienen un origen algo más complejo que las estrellas fugaces que pueden verse de forma esporádica.

Para que se produzca una lluvia de meteoros, la atmósfera debe verse bombardeada por miles de pequeños fragmentos de roca. Y para ello, la Tierra debe pasar por una zona en la que haya este tipo de restos rocosos. 


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En el espacio hay regiones repletas de restos de rocas pequeñas, y también otras mucho mayores, como es el caso del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Afortunadamente, la Tierra no orbita por zonas en las que los asteroides de gran tamaño sean habituales. 

Pero los restos pequeños sí son más comunes en la órbita de nuestro planeta alrededor del Sol. Proceden de varios cometas con los cuales compartimos el sistema solar, y que se cruzan de vez en cuando con la Tierra. 

Debido a la radiación solar, los cometas liberan un rastro de partículas y rocas que se desprenden poco a poco del cuerpo principal. Y mientras el cometa sigue su camino, deja tras de sí esa estela de polvo y roca. 

Y cuando la órbita de la Tierra hace que nuestro planeta cruce por la órbita del cometa, interceptamos esos restos que el cometa ha dejado en el espacio. Al caer estos restos en nuestra atmósfera, se producen las lluvias de meteoros. 

Anualmente se producen decenas de lluvias de meteoros, gracias a los numerosos cometas que viajan por el sistema solar. Usualmente cada lluvia es causada por un cometa concreto, aunque hay algunas excepciones. 

Como las órbitas son constantes, las lluvias de meteoros siempre ocurren en las mismas épocas. Así que si te interesa una en concreto, puedes verla anualmente siempre en las mismas fechas. 

Época de Perseidas

A lo largo del año hay numerosas lluvias de meteoros que suponen un verdadero espectáculo para cualquier aficionado al espacio. Las que permiten ver más estrellas fugaces son las Gemínidas y las Cuadrántidas, pero sin duda alguna la lluvia de meteoros más popular es la de las Perseidas.

Las Perseidas ocurren entre los meses de julio y agosto, alcanzando su periodo de mayor actividad entre el 10 y el 14 de agosto. Dado que esta lluvia de meteoros se produce durante el verano del hemisferio norte, el clima suele ser favorable para observar el cielo nocturno en esa mitad del planeta. 

Una de las cosas que hacen las Perseidas tan impresionantes es la cantidad de estrellas fugaces que pueden verse a simple vista (aunque claro está, solo si el cielo está despejado y te has alejado previamente de zonas con mucha iluminación artificial). 


Por impresionantes que nos parezca el trabajo actual de agencias como la ESA y la NASA, hay misiones que se llevaron a cabo hace décadas y son dignas de admiración incluso hoy en día.

Son además extremadamente rápidas. Cuando los meteoroides de las Perseidas entran en la atmósfera terrestre, su velocidad relativa a la Tierra es de unos 60 kilómetros por segundo.

En los días de mayor actividad de las Perseidas pueden llegar a verse incluso cientos de estrellas fugaces cada hora. La cifra se conoce como tasa horaria zenital, y es el número máximo de meteoros que un observador podría ver en las condiciones ideales. 

Respecto al origen de las Perseidas, podemos agradecer ese espectáculo anual al cometa Swift-Tuttle. Pasa cerca de la Tierra cada 133 años, y fue descubierto en el año 1862 por dos astrónomos que le dan nombre. 

La última vez que hizo una visita a nuestro planeta fue en el año 1992, y la siguiente visita se espera para el año 2126. Por suerte para nosotros, nunca se acerca demasiado, así que no hay riesgo de que choque contra la Tierra. 

Y es algo que verdaderamente debemos agradecer, porque Swift-Tuttle es grande, muy grande. De hecho, de entre todos los objetos que han hecho repetidas pasadas cerca de la Tierra, es el más grande del que tenemos constancia

El núcleo de este cometa, es decir, la parte sólida formada principalmente por roca y hielo, mide 26 km de diámetro. Por si quieres ponerlo en perspectiva, te damos un ejemplo claro: es un tamaño muy similar al del meteorito que causó la extinción de los dinosaurios

Visto de esa manera, somos bastante afortunados. Si el cometa Swift-Tuttle golpease la Tierra, tendría el potencial de causar una extinción masiva. Pero gracias a su órbita no solo estamos completamente a salvo, sino que además nos permite disfrutar de un espectáculo nocturno anualmente con una lluvia de meteoros. 


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En lo que respecta a las Perseidas y su nombre, el origen no tiene demasiado misterio. Al igual que las demás lluvias de meteoros, las Perseidas reciben su nombre de su radiante, es decir, la región del cielo en la que parecen originarse si las observamos desde la Tierra.

La radiante de las Perseidas es la constelación de Perseo. A su vez, esta constelación recibe su nombre de uno de los grandes héroes de la mitología griega, Perseo, encargado de decapitar a Medusa. 

No obstante en España y algunos otros lugares del mundo, las Perseidas también se conocen como “Lágrimas de San Lorenzo”. Esto hace referencia al santo católico San Lorenzo, cuyo santoral se celebra el 10 de agosto, coincidiendo con el periodo de mayor actividad de la lluvia de meteoros.

El mejor modo de ver las Perseidas

A rasgos generales, las Perseidas son la lluvia de meteoros más fácil de observar desde el hemisferio norte. Incluso sin demasiada ayuda, no deberías tener problema para ver estrellas fugaces durante estos días

Pero la ayuda nunca está de más, y hay algunos consejos que pueden hacer que disfrutes mucho más de esta lluvia de meteoros tan popular, incluso sin necesidad de que salgas de casa

Para empezar, lo más óptimo para garantizar una buena experiencia es alejarse todo lo posible de zonas pobladas, especialmente de las grandes ciudades, ya que la contaminación lumínica que generan te lo pondrá muy difícil para ver cualquier fenómeno en el cielo. 


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Si tienes la posibilidad de ir a un paraje natural, sin iluminación artificial en tu entorno, tendrás muy buenas vistas. Lleva una esterilla para poder tumbarte en el suelo cómodamente; así evitarás hacerte daño en el cuello por pasar horas sentado mirando hacia arriba. 

Deja que tu vista se acostumbre al entorno de oscuridad. Y sí, esto implica no utilizar el móvil y otros dispositivos durante unas horas. En cuanto tus ojos se habitúen a la falta de luz, podrás observar el cielo y detectar estrellas fugaces con mucha más facilidad. 

Salvo que tengas la intención de observar otros cuerpos celestes durante la noche, deja los telescopios de lado. Para ver estrellas fugaces, lo más fácil es observar una zona relativamente amplia del cielo, sin instrumentos de aumento de por medio. 

Para localizar las estrellas fugaces con más facilidad, localiza su radiante, que como hemos mencionado está en la constelación de Perseo. Si no te ves capaz de encontrar constelaciones a simple vista, puedes usar apps como esta.

Y si no puedes irte al campo a ver estrellas fugaces por culpa de la situación actual, no desesperes, porque también hay algunas alternativas que harán que no te pierdas las Perseidas. 

Muchos de los observatorios de todo el mundo hacen retransmisiones en directo con imágenes del cielo captadas por sus instalaciones. Así que si no puedes salir de casa, tienes la posibilidad de ver estrellas fugaces desde tu sofá.

Una muy buena opción para esto es la retransmisión que han hecho desde el Observatorio del Teide. Además de ver las Perseidas podrás disfrutar de las explicaciones de algunos de los expertos del Observatorio. 

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