El multimillonario negocio de Elon Musk: llevar astronautas al espacio (y traerlos de vuelta) | Life

Hasta hace no tanto tiempo, los seres humanos estábamos anclados a la superficie de nuestro planeta. Soñábamos con el espacio, pero lo único que podíamos hacer era mirar al cielo con nuestros propios ojos y a través de telescopios. 

Pero en las últimas décadas, todo ha cambiado drásticamente. No solo hemos dejado de estar anclados al suelo, sino que las misiones espaciales tienen influencia en cómo vivimos nuestro día a día

A día de hoy disponemos de conexiones globales gracias a los cientos de satélites artificiales que orbitan nuestro planeta. Además, muchos ámbitos de la ciencia y la tecnología se han visto beneficiados por el trabajo realizado en la exploración espacial.


Cuando nada puede fallar, no hay espacio para los experimentos: SpaceX recurrió a los «viejos» Linux y el lenguaje C / C++ para controlar los ordenadores del Falcon 9 y la cápsula Dragon Crew.

Y por supuesto, ahora los humanos pueden viajar al espacio. Seguimos un tanto limitados por la velocidad y la capacidad de nuestros cuerpos, pero las misiones a la Luna y la presencia continua de astronautas en la Estación Espacial Internacional deja claro que podemos superar la barrera de nuestro planeta. 

Habiendo enviado numerosas sondas, satélites y rovers incluso a los confines del sistema solar, no es de extrañar que una de las principales ambiciones de las agencias espaciales sea enviar a seres humanos a otros planetas

El objetivo más obvio es Marte. Es un planeta rocoso al igual que el nuestro, y aunque su temperatura es más extrema que la de la Tierra y su atmósfera no es respirable para nosotros, sigue siendo uno de los lugares menos inhóspitos del sistema solar

No obstante, aunque se haga con cierta frecuencia, enviar a humanos fuera de la Tierra, mantenerlos con vida y traerlos de vuelta no es una tarea para nada fácil, y mucho menos si pensamos en viajes de tanta distancia. 

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Por suerte, el panorama de las misiones espaciales también ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Las misiones con astronautas antes estaban limitadas a las agencias espaciales con más medios, como la NASA, la ESA y Roscosmos. 

Pero actualmente se han unido muchos otros participantes. No solo hay agencias espaciales involucradas por todo el mundo, sino que además se han creado numerosas empresas privadas dedicadas a ello. 

Una de las más importantes en Estados Unidos es SpaceX, fundada por el multimillonario Elon Musk. Se ha ganado la confianza de la NASA y otras agencias espaciales en numerosos proyectos, y han conseguido varios logros importantes en muy pocos años. 

Es un proyecto que puede darle a Musk beneficios millonarios, pero la empresa no lo ha tenido nada fácil para llegar hasta donde está ahora. El camino ha estado lleno de obstáculos, y ha hecho falta mucho trabajo para tener éxito en su primera misión tripulada. 

El fallo del programa Space Shuttle

Sin duda alguna, los logros de la empresa aeroespacial de Elon Musk tienen mucho mérito, especialmente considerando el poco tiempo que les ha llevado. Pero ha habido una combinación de circunstancias que también les ha allanado bastante el camino. 

Aunque todas las misiones de SpaceX salvo una se han centrado en el transporte de suministros, satélites y otros objetos, la intención siempre fue desarrollar naves fiables para el transporte de astronautas.

Pero hasta hace no tantos años, las principales agencias espaciales ya tenían cohetes propios destinados a llevar a sus astronautas al espacio y traerlos de vuelta sanos y salvos. No existía necesidad alguna de contratar empresas privadas para ello. 


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Si todo hubiera seguido así hasta ahora, SpaceX probablemente no habría tenido la oportunidad de crecer tanto en la industria aeroespacial. Desde luego la NASA no habría necesitado sus naves para trasladar astronautas. 

Pero es precisamente un fracaso de la NASA lo que ha facilitado bastante las cosas para la empresa de Elon Musk: el programa de transbordadores espaciales conocidos como Space Shuttle

La NASA comenzó a trabajar en los Space Shuttle a finales de los 60, y durante las tres décadas siguientes dedicaron gran parte de sus recursos y esfuerzo a desarrollar esas naves

Con los Shuttle, la agencia pretendía tener una nave propia reutilizable que les permitiera transportar a sus astronautas en cada misión, y llevar a bordo otra carga, como por ejemplo satélites o piezas para la Estación Espacial Internacional. 

En principio, lograron lo que se proponían. Pero en la práctica el programa fue una de las mayores decepciones de la NASA hasta la fecha debido a un cúmulo de problemas y catástrofes. 

Para empezar, el programa es la misión que más dinero le ha costado a la NASA. Se gastaron en ella varios cientos de miles de millones de dólares. De hecho, es la misión espacial más cara hasta la fecha. 


Las misiones espaciales nunca son baratas, pero los costes de algunas son especialmente altos. 

Pero además estas naves sufrieron varios accidentes que costaron las vidas de todos los astronautas que llevaban a bordo. Por raro que parezca, los accidentes no son comunes en las misiones espaciales, ya que las medidas de seguridad son extremadamente estrictas. 

Y que varios Shuttle fallaran de forma catastrófica y se cobrasen más vidas que ninguna otra misión espacial no les hizo ganarse una reputación especialmente buena. Sobre todo porque los accidentes eran evitables. 

El programa supuso un duro golpe para la imagen pública de la NASA. Las naves debían hacerles autosuficientes y demostrar su superioridad tecnológica. Pero en vez de eso se acabaron convirtiendo en la viva imagen del despilfarro y las consecuencias letales de la mala gestión. 

Todo esto acabó llevando a la cancelación del programa en el año 2011. La NASA, sabiendo que la existencia de su agencia depende en gran parte de tener una imagen pública positiva, aceptó dejar estas naves en su pasado. 

Y no fue un paso sencillo, porque esto implicaba quedarse sin transporte al espacio. Un gran número de misiones, sobre todo las tripuladas, dependían de los Shuttle para poder llevarse a cabo, y sin esas naves todo quedaba paralizado. 

Había otros prototipos de naves en desarrollo, pero desde la NASA eran conscientes de que no entrarían en funcionamiento durante muchos años. Como es lógico, la agencia no podía quedarse de brazos cruzados hasta volver a tener una nave propia, así que decidieron buscar soluciones. 

La respuesta resultó ser obvia, pero al mismo tiempo un tanto irónica. La NASA decidió pedir ayuda a Rusia, ya que los cohetes soviéticos Soyuz ofrecían la posibilidad de seguir llevando a cabo las misiones con normalidad. 

Considerando la profunda enemistad existente entre EEUU y la Unión Soviética, es obvio que no debió de ser plato de buen gusto para los estadounidenses. No solo habían pasado a depender de un enemigo, sino que además era su principal competidor en la carrera espacial. 

Así que aunque el hacha de guerra llevase tiempo enterrada tanto por los americanos como por los rusos, la situación no era precisamente idónea. La NASA necesitaba una solución que no les llevase a depender de la competencia

Empresas privadas, nuevas oportunidades

Sin fondos para un nuevo proyecto de transbordadores, y con naves que pasaron años en desarrollo y acabaron descartándose por completo, la NASA estaba en una situación complicada. 

Desde la cancelación de los Shuttle en 2011, habían dependido de las naves Soyuz para llevar a cabo sus misiones. Y eso implicaba gastar varios millones como pago a Rusia por el transporte

Lo idóneo habría sido tener una nave propia que pudieran reutilizar y permitiera reducir los costes de las misiones. Pero esta idea nunca acababa por dar resultado debido a la carencia de fondos. 

Y esto supuso una oportunidad perfecta para que el sector privado estadounidense se involucrase en las misiones espaciales. Había surgido una necesidad, y alguien con fondos y medios para ello podía cubrirla. 


Por impresionantes que nos parezca el trabajo actual de agencias como la ESA y la NASA, hay misiones que se llevaron a cabo hace décadas y son dignas de admiración incluso hoy en día.

Estrictamente hablando, SpaceX se fundó mucho antes de que la NASA dejase los Shuttle de lado. La empresa fue creada en 2002, y Musk tenía como objetivo reducir los costes de los viajes espaciales para eventualmente llevar al ser humano a Marte. 

Era sin duda un proyecto a largo plazo. Pero sin las limitaciones de una organización gubernamental y teniendo fondos asegurados, existía la posibilidad real de poder triunfar en el ámbito aeroespacial

Así que Elon Musk decidió apostar por el proyecto. Y empezaría a dar frutos rápidamente. En pocos años, la empresa contaría con varios miles de empleados y con modelos de cohete que ponían los objetivos de la empresa al alcance de la mano


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El primer paso era crear un cohete que demostrase su fiabilidad no solo para llegar a órbita, sino también para volver y aterrizar de una pieza. Y ninguna de las dos cosas es una tarea simple. 

Por supuesto, sin certeza absoluta de que estos pasos podían llevarse a cabo de forma completamente segura, no había posibilidad alguna de que las agencias espaciales metieran a sus astronautas en los cohetes de SpaceX. 

Así que Musk debía actuar con cautela, especialmente si quería ganarse la confianza de las agencias espaciales, los gobiernos y el público general. A fin de cuentas, con los Shuttle todavía en funcionamiento, no había motivos para encargarle nada a una empresa privada sin reputación alguna en el sector. 

El primer proyecto serio, que marcaría un antes y un después en la trayectoria de la compañía, fueron los cohetes Falcon 1. Sus primeros lanzamientos se llevaron a cabo en 2006, pero no sería hasta 2008 cuando lograrían por fin llegar a órbita

No obstante, el Falcon 1 era prácticamente un prototipo de lo que SpaceX y Musk querían lograr con sus naves. Así que en 2009 acabaron dejando ese cohete de lado, en favor del más avanzado Falcon 9

Con el Falcon 9 el objetivo no eran solo despegues seguros, sino también aterrizajes. Es un procedimiento muy arriesgado, y se complica incluso más cuando se trata de un cohete que aterriza en vertical

Año a año, y misión tras misión, los éxitos aumentaron. El Falcon 9 pudo lograr numerosos despegues con éxito, y en 2015 consiguieron aterrizar por primera vez sin percances de por medio. 

El desarrollo de estos cohetes solo era parte del proyecto, ya que los Falcon no llevaban pasajeros, solo cargamento, satélites y diferentes materiales que las agencias espaciales querían llevar a órbita. 

Pero gracias a los Falcon, SpaceX pasó a estar en el centro de atención. Los aterrizajes acabaron apareciendo en televisión y redes sociales, y se convirtieron en un evento que muchos esperaban con ansias

Y además, el lanzamiento de estos cohetes no tripulados ya estaba suponiendo beneficios millonarios para la compañía. Sus clientes, ya fueran agencias espaciales o empresas privadas, estaban pagando en torno a sesenta millones de dólares por incluir su carga en los lanzamientos.

Una nueva era de viajes espaciales

Habiendo ganado la confianza general gracias a los cohetes no tripulados, el siguiente paso era el más importante: preparar naves capaces de llevar a varios astronautas a bordo y traerlos de vuelta tras la misión. 

Para ello, SpaceX decidió combinar los proyectos que ya habían triunfado con nuevos diseños adaptados para poder llevar tripulación y cargamento. Gracias a ello, los Falcon 9 se convirtieron en los cohetes elegidos para los lanzamientos

Pero aparte de un cohete, hace falta una cápsula. Y para ello, la compañía optó por su cápsula Dragon. Esta cápsula tiene dos variantes, conocidas como Cargo Dragon y Crew Dragon respectivamente. 

Como el nombre indica, cada una de esas variantes está destinada a un propósito diferente. El Cargo Dragon tiene la tarea de llevar diferentes tipos de cargamento al espacio, por ejemplo, suministros para la Estación Espacial Internacional. 

Y el Crew Dragon está destinado a llevar astronautas a órbita. Como tal, SpaceX tiene mucha más experiencia con el Cargo Dragon, ya que han podido realizar numerosas misiones con esa versión de la cápsula. 

Pero esas misiones también han servido para refinar el Crew Dragon y permitir que sea una cápsula viable y segura para el transporte de astronautas. A fin de cuentas, por desesperada que estuviera la NASA, no se iban a jugar las vidas de su personal en una nave sin testar. 

Así que, SpaceX ha dedicado bastante tiempo a probar la fiabilidad de las cápsulas Dragon. Y en el último año, se han centrado en poner a prueba la cápsula Crew Dragon sin pasajeros a bordo, para asegurarse de sus capacidades. 

Ha habido algunos sobresaltos en el proceso. En abril del año pasado la cápsula sufrió un error catastrófico que la hizo volar por los aires. No obstante, ese fallo sirvió para mejorar la nave y corregir los problemas que presentaba. 

Tras una larga lista de pruebas y atrasos varios, la Crew Dragon demostró que estaba lista para llevar a los astronautas de la NASA al espacio. Y SpaceX se preparó para una fecha importante: el primer despegue con tripulación en territorio americano desde la cancelación del programa Space Shuttle

El lanzamiento finalmente se llevó a cabo el 30 de mayo de 2020, tras un atraso de un día por condiciones meteorológicas adversas. Todo salió como estaba previsto, y los astronautas llegaron sanos y salvos a la Estación Espacial Internacional. 

La cápsula pasó dos meses acoplada a la Estación, mientras la tripulación llevaba a cabo diferentes labores científicas. Y finalmente, el 2 de agosto amerizaron en la costa de Florida, sin problemas más allá de algunos navegantes curiosos que se acercaron más de lo debido a la cápsula. 

Esto marca un antes y un después tanto para la NASA como para SpaceX. Como mencionábamos antes, poder realizar los lanzamientos desde EEUU supone recuperar la independencia.

Todavía hay contratados lanzamientos con las naves Soyuz, pero es de esperar que se reduzcan poco a poco si SpaceX demuestra ser fiable a largo plazo en el transporte de astronautas. 

Y para Elon Musk esto va a suponer un beneficio multimillonario. De por sí, la NASA ha pagado cerca de dos mil millones de dólares para el desarrollo de la Crew Dragon. Y además, por cada asiento que ocupa uno de sus astronautas pagan en torno a 55 millones de dólares. 

Si consideramos además que otras agencias espaciales pueden necesitar transporte para sus astronautas, el negocio les sale bastante rentable. A fin de cuentas, los Falcon 9 tienen secciones reutilizables, lo que reduce enormemente los costes de producción

Por si fuera poco, Musk no limita sus servicios a realizar misiones para la NASA y otras agencias espaciales. Su vínculo con la agencia es importante para reforzar su reputación, pero también ofrecen sus naves a compañías privadas


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Todavía no se ha dado el caso, pero existe la posibilidad de que SpaceX lleve al espacio a particulares, a multimillonarios que puedan permitirse la aventura de ser astronautas por unos días. 

Teniendo en cuenta que la NASA ha pagado por adelantado por seis misiones, con cuatro tripulantes en cada una, y que SpaceX ya tiene preparadas algunas misiones con astronautas de empresas privadas, desde luego van a tener unos años atareados. 

Con esta previsión, parece que los planes de Elon Musk en lo que respecta a la industria aeroespacial están dando frutos. SpaceX ha logrado convertir los viajes espaciales en un negocio millonario, pero está por ver si eso hará que el espacio sea tan accesible como la compañía planteaba inicialmente. 

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